12 Abr RELATOS – MARTON 20: UNA IMPORTANTE MERCANCÍA

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Relato de Xisco Calafat // 

No era posible.

Habían capturado a Jacayl.

Qarsan me miró, gruñendo primero y sonriendo después, hasta estallar en carcajadas que, severamente y de súbito, cortó, frunciendo el ceño y atravesándome con una mirada cargada de desprecio. Me has engañado, escupió; te has estado riendo de mí. Me has hecho perder varios días, y, gracias a tu espléndido plan, ahora mi mercancía vuelve a estar perdida en esta maldita jungla. Se acercó a mí y siguió hablando. Así que no estabas solo en la isla, ¿eh?; eres astuto, chico, pero recuerda estas dos cosas, son muy importantes: estás atrapado, y estás atrapado conmigo, dijo en un susurro mientras sonreía.

El camino de vuelta al campamento estuvo cargado de improperios hacia los patanes y de bofetones, empujones y desprecios hacia mí. Qarsan estaba frustrado, y no era para menos: dos mocosos y un mono con el que quería hacer negocio se estaban riendo de él, haciéndole perder el tiempo y enfureciéndolo considerablemente. Sin embargo, nosotros no tratábamos de reírnos de él, sino de sobrevivir. En varias ocasiones el asqueroso gordinflón le preguntó a sus hombres, encolerizado, cómo diablos había podido una niña liberar al animal en un campamento lleno de hombres adultos, aunque el silencio con el que le respondían una y otra vez los desgraciados había llevado a Qarsan a musitar repetidas veces las palabras «malditos borrachos hijos de puta».

Cuando llegamos al campamento, observé, horrorizado, cómo Jacayl pendía del árbol del que había colgado Mirón, agazapada dentro de la jaula. Al acercarse, Qarsan guardó silencio unos instantes en los que yo auguré un final cercano y horrible para los dos. Jacayl levantó la vista y pareció no ver al hombre que la observaba de cerca, sino que me miró a mí, disculpándose a través de una mirada rota, como probablemente roto tendría el corazón. Yo negué con la cabeza, deseando decirle que no era culpa suya, que había salvado a Mirón, y que, con ello, cualquier final que nos deparase el destino a nosotros ya habría valido la pena. No obstante, no dejaba de pensar: ¿y ahora qué?

Al cabo, el gordinflón reaccionó y salió de sus reflexivos pensamientos. Me miró, con el ceño fruncido. Parecía no comprender. No lo entiendo, confirmó; ¿qué diablos hace un gualdrapero como tú en esta remota isla junto a una mocosa de alta alcurnia?

¡Las ropas! ¡Claro!

¿Cómo podía haber sido tan estúpido?

Jacayl, pese a llevar sus ropas hechas jirones y de haber perdido alguna prenda, vestía de un modo muy distinto al mío, compuesto de calzones marrones llenos de agujeros y de una andrajosa camisa blanca llena de manchurrones. Ella vestía como lo harían las niñas que habían crecido en un castillo.

Como debían vestir las hijas de un rey.

Qarsan volvió a estallar en carcajadas. Odiaba su maldita risa, siempre acompañada de una lluvia de asquerosas babas. ¡Esto es mucho mejor que tu maldito mono, chico!, bramó. ¡Por esta mocosa nos darán una fortuna!, y volvió a reír. Los patanes también rieron, aunque Qarsan cortó sus risotadas con un afilado grito, preguntándoles que de qué diablos se reían ellos, recordándoles que no eran más que unos ineptos y unos malditos borrachos, instándoles a ponerse a trabajar de inmediato. Encerrad a la niña en el barco, y pobre de vosotros si escapa; llevaos a este inútil a la barcaza, quiero que esté reflotada lo antes posible, nos haremos a la mar en cuanto lo esté; vosotros, ¡encontrad al maldito animal, imbéciles!, vociferó Qarsan, dando órdenes a diestro y siniestro.

Las siguientes semanas fueron duras; muy duras. Los patanes me trataban con el mismo desprecio con el que los trataba el gordinflón a ellos. Me insultaban. Me pegaban. Yo trabajaba, taciturno, pensando en Jacayl y en cómo podía salvarla. También pensaba en Mirón. ¿Lo habrían vuelto a capturar?

Aquello era horrible.

Y al fin llegó el día que, irónicamente, había estado suplicando día tras día por que no llegara jamás: la Tempestad estaba reparada, lista para volver a hacerse a la mar.

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Más que surf, olas gigantes y tendencias Surfer Rule, revista de referencia del surf y el snowboard en nuestro país desde 1990, promueve los valores, la cultura y las inquietudes de todos los que amamos los boardsports.

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