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Camiño do Río Surfboards: el arte de hacer surf con madera desde O Grove

Camiño do Río Surfboards: la historia de dos artesanos que convirtieron la madera en una forma de surf

En O Grove hay un pequeño taller donde el surf se entiende de una manera distinta. No hay allí una cadena de producción, ni grandes máquinas trabajando sobre cientos de tablas idénticas, ni espuma acumulada esperando a convertirse en el siguiente modelo de una colección. Hay madera, herramientas de carpintería, planos, polvo de lijado y, sobre todo, muchas horas de trabajo.

En ese espacio, situado en el mismo Camiño do Río que terminó dando nombre al proyecto, Rodrigo Núñez, conocido como Trigo, y Óscar Moraña, Pichi, llevan años dando forma a una idea que comenzó casi como un desafío entre amigos y que terminó convirtiéndose en una de las propuestas más singulares de la artesanía vinculada al surf en Galicia: construir tablas de surf de madera completamente a mano.

La historia de Camiño do Río Surfboards está inevitablemente ligada a A Lanzada. Antes de convertirse en artesanos de la madera, Trigo y Pichi eran, sobre todo, dos personas que disfrutaban del mar y que aprovechaban cualquier oportunidad para surfear. Rodrigo tenía el oficio de carpintero y Óscar trabajaba como delineante. Esa combinación, que a primera vista puede parecer casual, acabaría siendo fundamental para que el proyecto funcionase.

Uno conocía la madera desde el trabajo cotidiano con ella; el otro sabía trasladar una idea a medidas, planos y formas precisas. Lo que empezó siendo una afición compartida acabaría encontrando en esa mezcla de conocimientos una posibilidad que ninguno de los dos había previsto inicialmente.

El origen de la aventura tiene algo de historia de taller y algo de conversación de playa. Un amigo y vecino de la zona, Eric, sabía que Rodrigo era carpintero y comenzó a insistirle con una pregunta que terminaría teniendo consecuencias: ¿por qué no hacía una tabla de surf de madera? Rodrigo aceptó el reto y se puso manos a la obra en el taller de su padre, también carpintero y ya jubilado.

Aquella primera tabla estaba lejos de ser perfecta. Era rígida, sólida y tenía poco que ver con las piezas que Camiño do Río acabaría construyendo años después, pero sirvió para comprobar que el proyecto podía tener recorrido. Hubo incluso un segundo experimento con cartón, aunque aquella idea fue rápidamente descartada porque los poros del material podían permitir la entrada de agua.

El siguiente paso fue incorporar a Óscar. Hasta entonces, Rodrigo había trabajado fundamentalmente desde la experiencia y la intuición de un carpintero. Óscar le propuso llevar el proceso al terreno del dibujo técnico y comenzar a elaborar planos. La diferencia fue importante. La tabla dejó de ser simplemente una forma que había que conseguir a base de cortar y lijar madera y empezó a convertirse en un problema de diseño, estructura y geometría. De aquella colaboración nació la base de lo que hoy conocemos como Camiño do Río Surfboards.

La construcción de una de sus tablas comienza mucho antes de que aparezca la superficie exterior que vemos terminada. Primero se diseña el esqueleto interior, formado por un alma longitudinal y una serie de cuadernas transversales. El alma es la pieza central que recorre la tabla y sobre ella se van colocando las cuadernas, cada una con una longitud y una curvatura determinada en función del modelo que se quiere construir. Esas piezas no son iguales entre sí ni se colocan al azar: son las que permiten conseguir la forma, las curvas y las concavidades que tendrá posteriormente la tabla.

Algunas llevan perforaciones destinadas a aligerar peso y, una vez montada toda la estructura, llega el momento de recubrirla con madera. Lo que desde fuera puede parecer una tabla sencilla es, en realidad, el resultado de un proceso de diseño y construcción que los propios artesanos han llegado a definir como un trabajo de ingeniería.

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La particularidad de hacerlo de esta manera es que Camiño do Río no construye la tabla desde fuera hacia dentro, como ocurre habitualmente con muchos procesos de fabricación de tablas de espuma, sino que parte de una estructura interior y trabaja después sobre ella. El resultado es una tabla hueca, relativamente ligera para estar construida en madera, pero con una estructura que le proporciona rigidez y estabilidad. Esa forma de trabajar también explica por qué fabricar una unidad requiere tantas horas.

En los primeros años del proyecto, sus responsables hablaban de aproximadamente una semana o hasta quince días de trabajo para terminar una tabla, dependiendo del modelo y de los tiempos de secado. Para aprovechar esas esperas, podían trabajar simultáneamente en varias unidades, manteniendo siempre la madera como protagonista del proceso.

La elección de los materiales es otra parte esencial de la personalidad de Camiño do Río. En sus primeros años trabajaron con maderas como samba, cedro rojo y balsa, además de contrachapado de cuatro milímetros. La variedad de materiales y combinaciones les permitía experimentar con diferentes pesos, resistencias y acabados, pero también convertía cada tabla en algo visualmente diferente.

Porque si existe una característica de la madera que resulta imposible de reproducir industrialmente es precisamente su veta. Dos piezas pueden responder al mismo diseño, tener las mismas dimensiones y seguir el mismo proceso de fabricación, pero nunca tendrán exactamente el mismo dibujo. La madera es materia orgánica y cada tabla conserva una combinación irrepetible de colores, vetas y pequeñas particularidades.

Ahí está una parte importante del atractivo de Camiño do Río. Sus tablas no son simplemente objetos fabricados en madera; son piezas únicas. El modelo puede repetirse, pero la personalidad de cada unidad cambia con el propio material. Un fish seguirá siendo un fish y un tablón seguirá siendo un tablón, pero nunca habrá dos superficies exactamente iguales. La propia madera se encarga de romper la uniformidad. Para quien compra una de estas tablas, eso significa que no está adquiriendo únicamente un determinado modelo de surf, sino también una pieza que visualmente no puede repetirse.

Esa singularidad se ha ido llevando además hacia la personalización. A lo largo de la trayectoria del proyecto, Camiño do Río ha trabajado con tablas en las que se incorporan elementos decorativos y detalles escogidos por sus propietarios. En sus propias redes sociales han mostrado, por ejemplo, tablas personalizadas con nombres, logotipos y pequeños elementos recogidos del entorno, como conchas. La posibilidad de introducir este tipo de detalles hace que la tabla termine funcionando también como un objeto personal, una pieza que puede tener significado incluso cuando no está en el agua.

Pero sería un error pensar que la madera es únicamente una cuestión estética. Para Trigo y Pichi, el material modifica también la experiencia de surf. Las primeras entrevistas que concedieron insistían en que una tabla de madera no se siente igual que una tabla de espuma. Pesa más, exige acostumbrarse a otra forma de llevarla y tiene una respuesta diferente en el agua.

Sin embargo, precisamente esas características son las que ellos consideran parte de su atractivo. Hablan de estabilidad, velocidad y potencia en la remada, y describen una sensación de mayor conexión entre el surfista, la tabla y la ola. En una entrevista publicada por Surfer Rule llegaron a resumir esa experiencia diciendo que, con la madera, tabla y ola parecen convertirse en una sola cosa.

No hay que interpretar esto como una afirmación de que una tabla de madera sea objetivamente mejor que una tabla moderna de espuma. Son conceptos diferentes y responden a formas distintas de entender el surf. Una shortboard moderna de alto rendimiento busca unas prestaciones concretas, mientras que muchas de las tablas de Camiño do Río se sitúan mucho más cerca de la tradición del surf clásico, de los tablones y de los diseños retro. Sus creadores han explicado en varias ocasiones que ellos se sienten especialmente próximos a esa cultura y que la madera les lleva naturalmente hacia una forma de surf más clásica, tranquila y fluida.

Esa filosofía es importante porque permite entender por qué el peso, que para algunos surfistas podría parecer inicialmente un inconveniente, para ellos forma parte de la experiencia. Una tabla de madera no intenta ocultar que está hecha de madera. Su peso, su tacto y su comportamiento forman parte del conjunto.

La propia remada cambia y, según explican los artesanos, la estabilidad que proporciona puede terminar haciendo que el surfista deje de pensar en esa diferencia después de las primeras sesiones. Lo que inicialmente parece una desventaja acaba convirtiéndose en una característica más de la tabla.

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La misma lógica se aplica a las reparaciones. Una tabla de madera puede recibir golpes y, especialmente al tratarse de una construcción hueca, una entrada de agua obliga a actuar con cuidado. Pero el principio es el mismo que rige cualquier pieza artesanal: reparar antes que sustituir. Los propios Camiño do Río explicaban que una tabla dañada puede abrirse, secarse y volver a repararse. No es una pieza intocable ni un objeto de usar y tirar. Tiene la posibilidad de seguir viviendo después de una reparación, y esas marcas terminan formando parte de su historia.

La cuestión medioambiental aparece inevitablemente cuando se habla de tablas de madera. Desde sus primeros años, Camiño do Río ha defendido la utilización de la madera y el abandono de la espuma de poliuretano como una manera de trabajar más respetuosa con el entorno. En sus reportajes y entrevistas han insistido en su preocupación por el mar y en el intento de utilizar materiales que generen el menor impacto posible.

Al mismo tiempo, ellos mismos han sido bastante más prudentes que ciertos discursos publicitarios que califican automáticamente cualquier producto de madera como “ecológico”. En una entrevista llegaron a señalar que resulta muy difícil fabricar una tabla que sea cien por cien ecológica, debido, entre otras cosas, a los adhesivos y resinas necesarios para su construcción. Para ellos, más que utilizar la palabra “eco” como etiqueta, la cuestión pasa por actuar con sentido común y ser consecuente con los residuos y materiales que se generan.

Esa sinceridad resulta interesante porque evita convertir la madera en una especie de material milagroso. Una tabla de madera necesita colas, resinas, acabados y otros productos. Su impacto depende de muchas variables, incluida la procedencia de la materia prima. Pero hay una diferencia evidente en la filosofía de producción: aquí no se busca fabricar miles de unidades idénticas para sustituirlas rápidamente por el siguiente modelo. Se fabrica una pieza, se utiliza, se cuida y, cuando es posible, se repara.

Ese concepto de durabilidad está muy relacionado con la propia naturaleza de un taller artesanal. El tiempo es parte del producto. En una tabla industrial, el tiempo de fabricación puede ser una variable que haya que reducir al máximo. En Camiño do Río ocurre justo lo contrario: cada etapa requiere su propio momento. Hay que seleccionar la madera, preparar las piezas, montar el esqueleto, ajustar las cuadernas, revestir la estructura, lijar, dejar secar y volver a trabajar sobre la superficie. El resultado no puede separarse del proceso que lo ha creado.

Por eso el precio de estas tablas nunca puede compararse únicamente con el de una tabla convencional que sale de una línea de producción. En 2015, cuando el proyecto empezaba a hacerse conocido, La Voz de Galicia situaba sus precios aproximadamente entre los 600 y los 1.000 euros, dependiendo del tipo y del tamaño. La propia información de aquella época explicaba que detrás de cada unidad había muchas horas de trabajo artesanal. El valor de la tabla estaba tanto en sus características como en las horas de trabajo que contenía.

Con el paso de los años, Camiño do Río ha ido consolidándose sin abandonar esa escala artesanal. La marca ha seguido vinculada a O Grove y a sus dos fundadores, y continúa mostrando sus trabajos a través de sus canales públicos. En su página de Facebook se definen todavía como un proyecto dedicado a fabricar tablas de surf de madera de manera completamente artesanal, además de realizar otras piezas hechas a mano, una descripción que encaja con la evolución natural de un taller cuyo origen siempre estuvo ligado a la curiosidad y a la experimentación.

La propia actividad de Camiño do Río ha trascendido además el ámbito estrictamente deportivo. En los últimos años el taller ha participado en actividades vinculadas a la artesanía y a la creatividad local de O Grove. En 2023, por ejemplo, sus responsables formaron parte de la programación de talleres de la Festa do Marisco, donde realizaron demostraciones de su trabajo con tablas de surf de madera. La presencia en este tipo de acontecimientos refleja que la marca se ha convertido también en una expresión de la cultura artesanal de la localidad.

Y quizá sea ahí donde la historia de Camiño do Río adquiere una dimensión todavía más interesante. Porque sus tablas hablan de surf, pero también hablan de territorio. El nombre procede de la calle en la que está situado el taller, en un lugar donde el paisaje, el mar y las actividades relacionadas con la madera forman parte de la identidad local. No es una marca que haya decidido utilizar Galicia como una imagen comercial después de crear el producto en otro lugar. Su origen está realmente allí, en O Grove, y la relación con A Lanzada y con el surf gallego forma parte de su propia historia.

También resulta significativo que el proyecto haya acabado entrando en contacto con el ámbito educativo. En abril de 2026, el IES Antón Losada Diéguez de A Estrada presentó una tabla de surf desarrollada por profesores y alumnos del ciclo de Formación Profesional de Carpintería e Moble con la colaboración de Camiño do Río. El proyecto trasladaba precisamente al ámbito educativo la combinación que define a los artesanos de O Grove: carpintería, diseño, construcción y surf.

La colaboración tiene algo de simbólico. Camiño do Río nació cuando un carpintero y un delineante decidieron aplicar sus conocimientos a una afición compartida. Años después, esos mismos conocimientos sirven para acercar a estudiantes de carpintería a un proyecto en el que la madera deja de ser simplemente un material de aprendizaje y se convierte en un objeto destinado al mar. Es una forma de demostrar que los oficios tradicionales no tienen por qué quedarse encerrados en el pasado. Pueden encontrar nuevos caminos cuando se mezclan con el diseño, el deporte y la creatividad.

A lo largo de su trayectoria, además, Camiño do Río ha experimentado con diferentes formas y componentes. Su trabajo no se ha limitado a construir el cuerpo de las tablas. En otra de sus investigaciones, los artesanos se embarcaron en el diseño y desarrollo de quillas específicas para sus modelos, conscientes de que este elemento puede cambiar de manera importante el comportamiento de una tabla. Una publicación especializada en surf recogía precisamente ese trabajo de investigación y desarrollo aplicado a sus tablas más clásicas.

Ese espíritu experimental probablemente sea una de las razones por las que el proyecto ha conseguido mantenerse vivo. Desde el principio hubo una enorme dosis de curiosidad. La primera tabla no salió bien. La de cartón tampoco. Después llegaron los planos, las pruebas, diferentes maderas, nuevos diseños y la experiencia acumulada de meter las tablas en el agua. Cada problema se convirtió en una oportunidad para cambiar algo en la siguiente.

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En ese sentido, Camiño do Río se parece más a un laboratorio artesanal que a una fábrica. No porque exista una ausencia de método, sino porque el método sigue abierto a la experimentación. El conocimiento se acumula tabla tras tabla. Parte de él puede explicarse en planos y medidas; otra parte se queda en las manos de quien trabaja diariamente la madera.

Y esa es probablemente una de las características más difíciles de trasladar a una producción industrial. Una máquina puede repetir una medida con una precisión extraordinaria, pero no tiene la misma relación con una pieza concreta de madera. El artesano observa la veta, siente cómo responde una herramienta, decide qué parte de la pieza puede aprovechar mejor y adapta el proceso a las características del material. La madera no es completamente uniforme y el proceso tampoco tiene por qué serlo.

Por eso hablar de Camiño do Río únicamente como una marca de tablas de surf de madera sería quedarse corto. Es, en realidad, una historia sobre dos oficios que encontraron un punto de encuentro en el mar. La carpintería aportó el conocimiento del material. El delineado aportó la precisión del diseño. El surf aportó la necesidad de que todo aquello funcionase en movimiento. Y O Grove aportó el lugar en el que las tres cosas podían encontrarse.

Con el paso del tiempo, aquella idea que comenzó casi como un “a que no hay huevos a hacer una tabla de madera” acabó convirtiéndose en una colección de piezas que han viajado fuera de Galicia y que han despertado el interés de surfistas de otros lugares.

Cuando Surfer Rule entrevistó a Trigo y Pichi durante los primeros años del proyecto, ya hablaban de más de veinte tablas surcando diferentes aguas de España y de consultas procedentes de Francia, Portugal e incluso Chile. También contaban que en algunos festivales empezaban a reconocerlos por su trabajo y a acercarse para decirles que conocían sus tablas.

Ese reconocimiento resulta especialmente significativo porque llegó sin que Camiño do Río abandonase su escala. No necesitó convertirse en una gran marca internacional para que sus tablas viajaran. Bastó con que quienes las probaban hablasen de ellas, con que aparecieran en revistas especializadas, con que alguien viera una fotografía de una tabla y quisiera saber quién la había construido.

Así se construyen muchas historias artesanales: lentamente, de persona en persona. También de sesión en sesión.

Porque para Trigo y Pichi siempre ha existido una parte fundamental del proyecto que no sucede en el taller. Es el momento en que una tabla terminada entra en el agua. Ellos mismos han explicado que intentan probar sus creaciones siempre que pueden, aunque el surf tiene sus propias leyes y no siempre coincide el momento en que una tabla está terminada con el momento en que aparecen las olas adecuadas. Cuando finalmente ocurre, el proceso se completa.

La madera deja de ser madera trabajada en un taller y se convierte en una herramienta para deslizarse sobre el mar.

Y entonces aparece una de las ideas que mejor explican todo el proyecto: la conexión.

En las entrevistas concedidas durante los primeros años, los dos artesanos hablaban de una sensación diferente al surfear sus tablas. No necesariamente mejor en términos absolutos, sino diferente. El peso, la velocidad, la estabilidad y la manera de desplazarse sobre el agua producen otra relación entre el surfista y la ola. Es una experiencia que ellos mismos describían en términos casi emocionales, muy lejos del lenguaje técnico habitual de las marcas de surf.

Quizá por eso sus tablas encajan tan bien con una determinada cultura del surf que ha vuelto a mirar hacia los diseños clásicos. En un momento en el que el surf profesional se ha convertido en un deporte cada vez más técnico y competitivo, existe también una corriente que reivindica el placer de surfear sin prisas, los tablones, las fish, las formas retro y una relación menos obsesionada con el rendimiento. Trigo y Pichi se sitúan claramente en ese lado de la cultura surfista.

Para ellos, la madera pide ese tipo de surf. No obliga a hacer menos. Obliga a mirar de otra manera.

La tabla deja de ser simplemente una extensión del cuerpo destinada a conseguir la maniobra más radical y se convierte también en parte de la experiencia. El propio objeto tiene importancia. Se toca, se observa, se cuida y se conoce.

Esa relación explica también por qué algunas de sus tablas terminan siendo objetos decorativos. No hay nada extraño en ello. Cuando alguien ha encargado una tabla diseñada específicamente para él, ha escogido la madera, ha decidido determinados detalles y ha seguido su construcción, es difícil verla simplemente como un objeto deportivo intercambiable. La tabla tiene algo de pieza personal.

Y, con el tiempo, puede convertirse incluso en una especie de archivo de una etapa de la vida.

Las sesiones. Los viajes. Las olas. Los golpes. Las reparaciones. Los amigos.

Todo puede quedar asociado a una misma pieza de madera.

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Ahí reside quizá la mayor diferencia entre una tabla artesanal como las de Camiño do Río y un producto industrial convencional. La segunda puede ser excelente, pero está pensada para ser reproducida. La primera nace precisamente de aquello que no puede reproducirse exactamente.

La veta. Las manos. El tiempo. El lugar. La historia

Más de una década después de aquellos primeros experimentos, Camiño do Río continúa siendo un ejemplo de cómo una afición puede transformarse en un oficio sin perder completamente el espíritu con el que nació. Rodrigo Núñez y Óscar Moraña no descubrieron que podían fabricar tablas de madera porque existiera un mercado enorme esperando ese producto. De hecho, durante los primeros años reconocían que era difícil vivir exclusivamente de ello. El mercado era pequeño y las horas necesarias para fabricar cada tabla hacían imposible competir con la producción industrial en precio.

Su respuesta fue otra: seguir haciéndolo porque les gustaba.

Y probablemente esa decisión explique buena parte de lo que hace especial a Camiño do Río.

En una época en la que muchas marcas intentan fabricar objetos cada vez más ligeros, más rápidos, más baratos y más fáciles de sustituir, ellos han construido un proyecto alrededor de lo contrario. Una tabla que tarda días en hacerse. Una pieza que no puede ser exactamente igual a la siguiente. Un material que muestra sus propias marcas. Un objeto que puede repararse. Un producto que tiene un lugar de origen concreto y unas personas detrás.

Hay algo profundamente coherente en que todo esto suceda en O Grove, mirando hacia un Atlántico que ha condicionado durante siglos la vida de Galicia. La madera ha formado parte de la relación de esta tierra con el mar mucho antes de que existiera el surf. Las embarcaciones, los aparejos, los talleres y los oficios vinculados a la costa pertenecen a una tradición mucho más antigua. Camiño do Río no reproduce aquella tradición, pero sí establece un diálogo con ella.

Quizá por eso la historia de Camiño do Río Surfboards no sea realmente una historia sobre tablas de surf. O, al menos, no solamente sobre ellas. Es la historia de dos personas que encontraron una manera de juntar sus conocimientos, de una comunidad surfista que aceptó experimentar con algo diferente y de un pequeño taller que consiguió convertir una materia tan antigua como la madera en una forma contemporánea de entender el mar.

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Todo comenzó con una pregunta aparentemente sencilla: por qué no hacer una tabla de madera.

La respuesta necesitó muchas horas, muchos errores, planos, herramientas, diferentes maderas y una buena cantidad de paciencia. Pero acabó tomando forma en O Grove y viajando desde A Lanzada hacia otros lugares.

Hoy, cuando una de esas tablas entra en el agua, lo hace llevando consigo mucho más que un diseño de surf. Lleva la historia de una carpintería, la precisión de un delineante, la curiosidad de dos surfistas, las vetas de un árbol y el carácter de un territorio.

Y quizá ahí esté la verdadera razón por la que Camiño do Río ha conseguido mantenerse durante tantos años. Porque una tabla así no se limita a llevar a alguien sobre una ola.

Cuenta de dónde viene. Cuenta quién la hizo. Cuenta cómo fue construida. Y, sobre todo, recuerda que todavía existen objetos que no necesitan fabricarse deprisa para tener valor.

A veces basta con que alguien tenga una buena madera entre las manos, un plano delante, una ola esperando fuera y el tiempo necesario para hacer las cosas bien.

En O Grove, ese camino tiene un nombre: Camiño do Río.

*Fotos cortesía de Camiño do Río Surfboards

Surfer Rule
info@surferrule.com

Más que surf, olas gigantes y tendencias Surfer Rule, revista de referencia del surf y el snowboard en nuestro país desde 1990, promueve los valores, la cultura y las inquietudes de todos los que amamos los boardsports.

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