03 Mar PIONEROS DEL SURF EN CÁDIZ EN LOS AÑOS 70

El surf era un deporte tan desconocido en nuestro país en los años 70 que muchos surfistas de aquella época tuvieron que ser grandes ingeniosos y descubridores para poder disfrutar de aquel chute de adrenalina que había llegado a las costas españolas con ganas de quedarse. En la Costa de la Luz esa influencia surfera llegó a través del Puerto de Cádiz, ya que gracias a la posición estratégica de esta ciudad muchos surfistas australianos, ingleses y franceses hacían parada obligatoria para tomar el JJSister que les llevara a surfear a Canarias.

Esta y otras anécdotas nos la cuenta Guillermo Morillo ‘Wilo’, uno de los grandes pioneros del surf en Andalucía y en Cádiz que a sus 73 años no hay un día que haya dejado de surfear. El que fuera tres veces campeón de Andalucía presume hoy de ser uno de los primeros en descubrir playas vírgenes como El Palmar, Roche y Yerbabuena. Hoy, Wilo nos cuenta las aventuras de ‘Los Quillos de Cádiz’ en su afán por descubrir nuevas olas y destinos inexplorados en una época en la que la desinformación jugaban en contra de ellos.

Actualmente Wilo sigue disfrutando de las olas que le vieron crecer en Santa María del Mar, Cádiz. Foto recuperada de Facebook. 

 

1) ¿Cuándo te das cuenta que se puede surfear?

Un día veo una revista americana que se llama Mecánica popular en la que había un señor construyendo una tabla, de esas antiguas de ‘tocho’. Me di cuenta que eso servía y que la gente se subía en ella para coger olas. ¡No sé cómo no se me ocurrió antes! A partir de entonces, cogí una tabla normal y corriente…vamos, ¡un trozo de tabla!

2) ¿Cómo empiezas a iniciarte en este deporte tan desconocido por aquel entonces?

La imagen del reportaje de surf de la revista se me quedó en la cabeza. Un buen día, estaba sentado con mi novia en La Casa Dorada, donde está la plaza del Ayuntamiento (antes era una carretera que llevaba al puerto de Cádiz ¡Hace ya 44 años de esto! Yo tenía 29 años). Bueno, pues veo a un señor que pone a vender una tabla en su furgoneta Volkswagen T1… Como se paró allí, me levanté del café y me fui para él ‘¿Oye tú vendes esto?’ Del tirón me dijo que me la vendía por lo que costaban dos pasajes a Ceuta, así que fuimos a ver lo que valían… 500 pesetas. ¡Anda que me iba a quedar sin ella! El hombre me la dejó en mi casa y allí se llevó una temporada buena porque no tenía ni idea de cómo se manejaba eso.

3) ¿Pasaban muchos surfistas por el puerto de Cádiz?

Antes la vía de transporte para ir a Canarias y Marruecos era el barco. No había todavía la cantidad de vuelos que hay ahora. Había un ferry que hacía la travesía canaria, que traía un gran tráfico de gente con sus camionetas y sus tablas, se llamaba JJSister. Una de estas veces, veo a un australiano que iba a Canarias a coger olas y le pregunté si era capaz de enseñarme a coger olas. Me dijo que sí pero que tenía que vivir en algún sitio. Así que le dije a mi mujer: ‘este dice que me enseña si se queda en casa…’ (Risas) Me dijo: ‘¡que se quede!’ Y estuvo con nosotros un mes y medio porque comía bien, dormía mejor, tenía ducha y de todo… Así fue como aprendí la técnica.

4) La revista te enseñó la teoría, el australiano la práctica. ¿Cómo recuerdas tu primer baño?

Fatal. Muy malo. Me metí con un compañero de trabajo y claro de lo errores se aprende. Vimos que venía una ola y no se nos ocurrió otra cosa que soltar la tabla. No llevábamos invento y la tabla se metió contra la ola, salió disparada para atrás y le rompió toda la cara a mi compañero. ‘¡Ya la hemos jodido! Bien empezamos…’ (Risas) El hombre no le echó la culpa a nadie y aprendimos que las tablas o pegados a ellas o muy lejos porque te da y duele.

Yo he llegado a pescar con esa tabla. Cuando ya sabía coger olas en Santa María del mar estaba metido en un maretón gordo, ¡pero gordo! Al ir a bajar la ola salió algo por los aires… ¿esto que es, un plástico? ¡Una corvina! Le había dado con la quilla en la cabeza y estaba atontada en el agua. Tardé poco en sacarla a la playa ¡y comimos 11 de esa corvina! Era un bicho

5) ¿Cómo eran los materiales por aquel entonces?

Había muy poco material, por no decirte ninguno. Hasta que un día, nos dimos cuenta que el barco que iba a Canarias traía cosas porque ellos se percataron de que aquí se vendía. Yo le compré dos Gordon Smith embaladas a dos yanquis por 4.000 pesetas. Eran unas tablas magníficas. La parafina que usaba era de Telefónica, la de poner los cables, porque un amigo trabajaba ahí y me dijo que funcionaba. En cuanto a los inventos, los descubrió Pedro Moreno Vadiño porque vio uno y los hizo con el tubo de quirófano del hospital San Carlos. El tubo era de poliuretano y le metía dentro una cuerda, lo estiraba y le hacía un nudo a cada lado, así que cuando volvía a su sitio la cuerda estaba arrugada. Luego cogíamos un calcetín y hacíamos un nudo para que no se nos fuera la tabla.

6) ¿Teníais algún tipo de información sobre este deporte?

No había nada. Pero sí que estaban esos extranjeros que venían al puerto, además de los pilotos de la base de Rota que manejaban los helicópteros. ¡Imagínate si sabían dónde había buenas olas! Lo que no sabíamos nosotros… El mirar significaba mucho, aprendías bastante de verlos a ellos y así fue como empezamos a saber más cosas de las que se podían hacer.

Fui muy autodidacta, me metía todos los días del año, ya fuera invierno o verano. El problema era el traje, que no teníamos. En invierno nos metíamos con una bolsa de basura con dos boquetes a cada lado para meterle una correa o una goma y eso es lo que te quitaba el aire, pero no el frío. Antes no había Google, teníamos que coger un mapa y observar cómo era la forma del golfo, y así con el swell y la orientación podía haber alguna que otra ola.

7) ¿Cómo eran esos viajes en busca de nuevas olas?

He viajado mucho y, gracias a eso, mi mujer y mis hijos han venido conmigo. Me he recorrido la costa de Portugal, Sidi Ifni, Cabo Verde e incluso Irlanda, donde no he pasado más frío en mi vida aunque llevara gorro y escarpines. También fui a Indonesia, pero no vuelvo a meterme 17 horas en un avión. Hasta los años 70, estuve en el campeonato de España y me recorrí la Cornisa Cantábrica, La Salvaje, Somo, Plentzia y Asturias

Te puedes imaginar cómo íbamos, mi coche era un Renault Gordini y venían seis personas, con eso te lo digo todo. A eso súmale las tablas arriba a 80 km/h que apenas podía subir los puertos en primera con tanto peso. Cuando nos íbamos a Portugal y al norte, donde nos trataban muy bien, siempre decían ¡ya están aquí los Quillos de Cádiz! (Nos llamaban así porque es muy propio de Cádiz decir quillo ven para acá, de chiquillo).

Un día fuimos al campeonato de Suances y vimos que en la playa de los locos había un murallón muy grande y justo donde terminaba el murallón la gente empezaba a coger olas. Tenían un problema allí y es que había una piedra en medio y tenían que esperar a que se llenara para poder pasar. Nosotros que estábamos sentados arriba vimos un trozo de corcho blanco flotando que aunque vinieran las olas nunca se chocaba contra la pared. Le dije a mis amigos: ‘si el corcho no se la pega nosotros tampoco’, así que nos metimos allí. Cuando los de Santander vieron aquello nos gritaban: ‘¡Quillo! ¿ustedes cómo habéis aprendido eso?’ La necesidad que teníamos. Así que descubrimos eso y a partir de ahí ellos cogían olas en ese punto.

8) ¿Llegasteis a tener problemas en los viajes?

Las carreteras eran muy malas y te tirabas un montón de horas. En uno de estos viajes iban Carlos Cuello, Julián, Juan Machuca y Juan Valls, con la mala suerte de que Julián se durmió y se pegaron contra un poste y se mató. Fue una época mala la que pasamos con eso. 

Otra anécdota que recuerdo fue el viaje a Sidi Ifni. Fuimos tres a coger olas y uno de ellos fumaba, así que cuando llegamos a la frontera le dije que lo tirara que no quería problemas. Lo tiró pero el otro no. Le llamábamos Pink Floyd porque se tiró desde Ceuta hasta Sidi Ifni escuchando a ese grupo y, ni aunque le tiramos las pilas del casete, nos libramos de la música. Así que cuando llegamos a la frontera de Algeciras le abrieron la mochila y llevaba una pipa de fumar. Me desmontaron el coche entero, casi me veo en el talego. 

9) ¿Cómo te desenvuelves ahora en el agua con los jóvenes surfistas?

Yo no tengo problemas porque cumplo unas normas que existen. En El Palmar, me han llegado a decir que esto del surf es como un supermercado, coges tu ticket, la ola y esperas a que te toque otra vez. Y yo digo que no, tú te pones a mi lado, empezamos a remar y si salgo antes que tú la ola es mía. Son las normas que rigen. Además de ser surfista, soy juez nacional de surf y nos enseñaron las normas dentro del agua. ¿Por qué no se transmite?

Muchas escuelas enseñan a coger olas pero no las normas. Entonces ocurre que un chaval con 20 años, que tiene más habilidad o que se lo ha currado más, se te adelanta y aunque ya hayas empezado a salir le da igual. Yo a la primera aviso pero a la segunda le paso por encima y verás como no se pone más ahí. Eso es así, sino tal y como está la cosa no coges olas. 

10) ¿Cuál te gustaría que fuera tu legado?

El surf me ha dado muchos amigos, empezando por gente que tiene 20 años menos que yo, hasta los que puedan tener 40. Me respetan muchísimo. Quisiera que el espíritu y la cercanía que teníamos todos se mantuviera. Que no hubiera esa masificación que hay ahora. He dejado de ir al Palmar (mira que lo descubrí yo) porque me dicen: ‘mira el viejo este que no me deja coger una ola’. Eso no lo había antes. Éramos una gran familia sin vivir en la misma casa, respetuosos y grandes amigos. Ahora la gente entra sola en el agua y no mira a nadie, se dedica a coger olas.

Texto: Ana Cristina Ruiz

info@surferrule.com

Más que surf, olas gigantes y tendencias Surfer Rule, revista de referencia del surf y el snowboard en nuestro país desde 1990, promueve los valores, la cultura y las inquietudes de todos los que amamos los boardsports.

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