28 Oct ‘Milk & Honey’: Stephanie Gilmore, Caity Simmers, Coco Ho y Frankie Harrer reivindican el surf sin etiquetas
Cuatro generaciones, cuatro maneras de entender las olas y una misma pasión por explorar los límites de la tabla. ‘Milk & Honey’ reúne a cuatro referentes del surf femenino en un viaje a Filipinas donde la creatividad, la experimentación y la libertad sobre las olas se imponen a cualquier resultado competitivo.
El surf no termina cuando se abandona el circuito profesional. Para algunas de las mejores surfistas del mundo, es precisamente entonces cuando comienza otra forma de descubrirlo. Esa es una de las ideas que atraviesan Milk & Honey, una película protagonizada por Stephanie Gilmore, Caity Simmers, Coco Ho y Frankie Harrer que invita a mirar más allá de las mangas, las puntuaciones y los títulos para regresar a la esencia de deslizarse sobre una ola.
Rodado principalmente durante un potente swell asociado a un tifón en Siargao, Filipinas, el filme reúne a cuatro surfistas con trayectorias, personalidades y estilos diferentes. El resultado es una propuesta que pone el foco en la relación entre surfista y tabla, la búsqueda de nuevas sensaciones y la posibilidad de seguir evolucionando cuando la competición deja de ser el único punto de referencia. La película, producida por Stab, se estrenó en 2025 y posteriormente se puso a disposición del público en YouTube en octubre de 2026.

Cuatro surfistas, cuatro formas de interpretar el océano
La presencia de Stephanie Gilmore, ocho veces campeona del mundo, aporta la experiencia de una de las figuras más influyentes de la historia del surf femenino. Su trayectoria representa el dominio técnico, el estilo y una capacidad de adaptación que va mucho más allá de las exigencias del circuito profesional.
A su lado aparece Caity Simmers, campeona mundial en 2024, una surfista que ha destacado por su creatividad, su lectura de las olas y una manera de surfear que escapa de los patrones convencionales. Su participación conecta la experiencia de las generaciones anteriores con una nueva visión del surf, en la que la expresión personal ocupa un lugar fundamental.
Coco Ho, procedente de una de las familias más reconocidas del surf hawaiano, aporta una larga trayectoria en competición y una estrecha relación con la cultura del surf. Frankie Harrer completa el grupo con su propia personalidad y una aproximación al surfing que encuentra en la exploración y la experimentación una parte esencial de su identidad.
Juntas, las cuatro demuestran que no existe una única manera de entender el surf. Cada una tiene su propio lenguaje sobre la ola, y esa diversidad es precisamente uno de los puntos de partida de la película.
Las tablas también cuentan historias
Uno de los ejes centrales de Milk & Honey es el diseño de tablas. Las cuatro surfistas viajan a Filipinas con sus modelos favoritos, combinando tablas cortas de alto rendimiento con diseños alternativos que permiten explorar otras líneas, velocidades y sensaciones.
La propuesta cuestiona una idea bastante extendida en el surf: que el máximo rendimiento está necesariamente ligado a una tabla corta y a una ejecución radical. En realidad, cada diseño responde a unas condiciones y a una forma de surfear. Cambiar de tabla puede modificar la posición en la ola, la velocidad, los giros y, sobre todo, la manera de interpretar el espacio disponible.
La película convierte esa diversidad en una oportunidad para experimentar. En lugar de plantear una oposición entre las tablas convencionales y las alternativas, muestra cómo ambas pueden complementarse y ampliar el repertorio de una surfista.
La idea queda resumida en una reflexión de Stephanie Gilmore sobre el rendimiento: no tiene sentido reservar esa consideración exclusivamente a las tablas de competición, porque cada tipo de tabla puede ofrecer prestaciones diferentes según su diseño y su uso.
Esta perspectiva también conecta con una tendencia cada vez más visible en la cultura del surf: recuperar el placer de probar materiales, explorar otros shapes y descubrir qué ocurre cuando se abandona, aunque sea temporalmente, la configuración habitual.
Filipinas como escenario para experimentar
El entorno de Siargao proporciona el escenario perfecto para esta exploración. Sus olas, su paisaje tropical y la energía del océano permiten que las protagonistas salgan de sus rutinas habituales y se concentren en surfear desde otra perspectiva.
El filme aprovecha las sesiones en el agua para mostrar distintas maneras de afrontar una misma ola. No se trata únicamente de ejecutar maniobras difíciles, sino de encontrar líneas, aprovechar secciones y adaptar el surfing a las posibilidades que ofrece cada tabla.
El viaje tampoco gira exclusivamente alrededor de las buenas condiciones. Como ocurre en cualquier expedición de surf, el viento, los cambios del mar y las sesiones menos favorables forman parte de la experiencia. Esa dimensión real del viaje recuerda que la relación con el océano no puede reducirse a una sucesión de olas perfectas.
La convivencia entre las cuatro surfistas añade otra lectura a la película. Compartir sesiones, observar cómo surfean las demás y probar materiales diferentes se convierte en una forma de aprendizaje que no necesita jueces ni clasificaciones.




Más allá de la competición
El interés de Milk & Honey reside, sobre todo, en la pregunta que plantea: ¿qué sucede cuando una surfista deja de medir su evolución únicamente a través de los resultados?
La competición exige precisión, consistencia y capacidad para adaptarse a un formato concreto. El free surf, por su parte, permite explorar otros objetivos: desarrollar un estilo propio, experimentar con el material y disfrutar de las olas sin la presión inmediata de una puntuación.
Ambas dimensiones pueden convivir. De hecho, la experiencia competitiva puede enriquecer esa búsqueda personal, mientras que surfear sin objetivos de clasificación permite descubrir recursos que después se trasladan a otras facetas del surfing.
En ese punto, la película encuentra un mensaje que va más allá de sus protagonistas. La evolución de un surfista no tiene por qué ser lineal ni responder siempre a las mismas exigencias. También puede consistir en cambiar de tabla, modificar la manera de leer una ola o recuperar la curiosidad que llevó a entrar al agua por primera vez.
Milk & Honey celebra precisamente esa libertad. La de cuatro surfistas que, después de construir carreras de primer nivel, siguen buscando nuevas formas de relacionarse con el océano. Porque, al final, el surf no consiste solamente en competir contra otras personas, sino también en descubrir hasta dónde puede llevarte una ola cuando dejas espacio para la imaginación.


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