04 Ene EL DESHIELO PODRÍA LIBERAR ENFERMEDADES

Antiguas enfermedades congeladas en el hielo, están siendo liberadas a causa del cambio climático. El cambio climático está derritiendo los suelos del permafrost -la capa de suelo permanentemente congelada en las regiones polares-, liberando virus y bacterias antiguos que han permanecido latentes y vuelven a la vida.

Bajo las capas de hielo profundas hay microorganismos de datan de miles de millones de años y a lo largo de la historia, los seres humanos han coexistido con bacterias y virus. ¿Qué pasaría si de repente nos exponemos a bacterias y virus mortales que han estado «dormidos» durante miles de años, o que nunca antes hemos conocido?

Científicos examinan una cría de mamut hallada en el permafrost THE MAMMUTHUS PROGRAM

Muertes por ántrax

En agosto de 2016, en un remoto rincón de la tundra siberiana llamada Península de Yamal, en el Círculo Polar Ártico, un niño de 12 años murió y al menos veinte personas fueron hospitalizadas después de haber sido infectadas por ántrax.

La teoría es que hace más de 75 años murió un reno infectado con la bacteria y su carcasa congelada quedó atrapada bajo una capa de permafrost. Allí permaneció hasta una ola de calor en el verano de 2016, cuando se descongeló.

Esto liberó el ántrax infeccioso en el agua y el suelo cercanos, y luego en la cadena de suministro de alimentos. Más de 2.000 renos se infectaron, lo que condujo a un reducido número de casos en humanos. Pero se teme que este no sea un caso aislado.

Se derriten las capas de Permafrost

A medida que la Tierra se calienta por el cambio climático, más permafrost se derretirá. “No sabemos lo que puede haber ahí”, advierte a El Independiente Susana Serrano, microbióloga de la Universidad Complutense de Madrid.

En el permafrost podría haber bacterias antiguas y otros agentes infecciosos contra los que no estamos inmunizados. “Las bacterias pueden permanecer latentes en forma de endoesporas. No están metabólicamente activas, pero resucitan cuando las condiciones ambientales son idóneas”, explica. “Cerca de un 10% de estos microorganismos son viables después de medio siglo. Si quedan atrapados en ámbar o en hielo, pueden despertar pasados miles de años”, describe.

Vista aérea del permafrost derretido THE PERMAFROST INSTITUTE

Bajo circunstancias normales, las capas superficiales, de unos 50 cm de profundidad, se funden cada verano. Pero ahora el calentamiento global está exponiendo gradualmente las capas más antiguas del permafrost.

La temperatura en el Círculo Polar Ártico está aumentando aproximadamente tres veces más rápido que en el resto del mundo. A medida que el hielo y el permafrost se derriten, pueden liberarse otros agentes infecciosos.

«El permafrost es un muy buen conservante de microbios y virus, porque es frío, no contiene oxígeno y es oscuro», explica el biólogo evolutivo Jean-Michel Claverie de la Universidad de Aix-Marseille, en Francia.

Otras enfermedades que podrían liberarse

Los científicos han descubierto fragmentos de ARN (ácido ribonucleico) del virus de la gripe española de 1918 en cadáveres enterrados en fosas comunes en la tundra de Alaska. La viruela y la peste bubónica también están probablemente enterradas en Siberia.

Cementerio de Alaska donde estaban los esquimales a los que mató la gripe. española. Foto: UNIVERSITY OF ALASKA/El Mundo

Por ejemplo, en la década de 1890 hubo una importante epidemia de viruela en Siberia y una ciudad perdió hasta el 40% de su población. Los cadáveres fueron sepultados bajo la capa superior de permafrost en las riberas del río Kolyma. 120 años después, los desbordamientos del Kolyma han comenzado a erosionar las riberas, y el derretimiento del permafrost ha acelerado este proceso de erosión.

En un estudio de 2014, un equipo liderado por Claverie revivió dos virus que habían quedado atrapados en el permafrost siberiano durante 30.000 años.

Conocidos como Pithovirus sibericum y Mollivirus sibericum, ambos son «virus gigantes», porque a diferencia de la mayoría, son tan grandes que pueden ser vistos bajo un microscopio regular. Fueron descubiertos a unos 30 metros bajo tierra en la tundra costera.

Virus gigantes

Sus nombres son complejos: «Mollivirus», «Pandoravirus» y «Phitovirus Sibericum». A este último le llaman «virus gigante» porque tiene el tamaño de una pequeña bacteria: 1,5 micrómetros de largo. Es el más grande jamás encontrado y tiene forma de óvalo con una pared gruesa abierta en un extremo, y su material genético multiplica por 50, por ejemplo, al del virus del VIH.

Los científicos de un equipo multidisciplinar de la Universidad de Aux Marseille dieron con este virus gigante en el año 2000 en Chukotka, al noreste de Rusia. Lo encontraron a 30 metros de profundidad entre las capas heladas de la tundra siberiana, conocidas como ‘permafrost’, alejados de la luz y del oxígeno. Y en 2014, tras mantenerlo una década a buen recaudo, probaron a revivirlo. 

Una vez revividos, se convirtieron rápidamente en infecciosos. Afortunadamente para nosotros, estos virus en particular sólo infectan las amebas unicelulares.

Sin embargo, el estudio sugiere que otros, que realmente podrían infectar a los seres humanos, podrían ser revividos de la misma manera.

¿Cuánto debemos preocuparnos por todo esto?

Un argumento es que el riesgo de los patógenos del permafrost es intrínsecamente desconocido, por lo que no deben preocuparnos abiertamente.

«Si el patógeno no ha estado en contacto con los seres humanos durante mucho tiempo, el sistema inmunológico no estaría preparado, de modo que sí, eso podría ser peligroso«. Jean-Michel Claverie, investigador.

En cambio, debemos enfocarnos en amenazas más conocidas provocadas por el cambio climático. Por ejemplo, a medida que la Tierra se calienta, los países septentrionales serán más susceptibles a brotes de enfermedades «meridionales» como la malaria, el cólera y el dengue, ya que estos patógenos prosperan a temperaturas más cálidas.

La otra perspectiva es que no debemos ignorar los riesgos sólo porque no podemos cuantificarlos. «Siguiendo nuestro trabajo y el de otros, existe ahora una probabilidad de que los microbios patógenos podrían revivir e infectarnos», dice Claverie.

«Es probable que se trate de bacterias curables con antibióticos, bacterias resistentes o virus. Si el patógeno no ha estado en contacto con los seres humanos durante mucho tiempo, el sistema inmunológico no estaría preparado, de modo que sí, eso podría ser peligroso».

Fuentes: Elmundo.es , el Independiente y BBC Earth.

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