02 Feb Consumo responsable: cómo podemos cada uno aportar nuestro granito para hacer del mundo un lugar sostenible.

El consumo responsable le es familiar a todo el mundo. Sabemos que nuestra forma de vida occidental no es sostenible. Compramos demasiadas cosas que no utilizamos, gastamos demasiada agua y luz en casa y aún hay mucha gente que no recicla. Hay cosas que podemos hacer y que alguna vez hemos escuchado: cerrar el grifo mientras te enjabonas las manos o te lavas los dientes, ducharte en lugar de bañarte, no dejarse luces u ordenadores encendidos mientras no se están usando, separar los residuos, reutilizar las bolsas y usar bolsas de tela, utilizar botellas de cristal o de plástico reutilizable, etc.

Texto: Fernando Martínez Embid. / Bioagradables

CONSUMO RESPONSABLE vs CONSUMO SOSTENIBLE

Dicho lo anterior, una vez empezamos a hacer estas cosas hay que empezar a tener en cuenta otras, y explicarlas. Dos de ellas son el consumo responsable y el consumo sostenible (llamémosle así a la parte de sostenibilidad relacionada con el consumo), que están relacionados pero son un poco diferentes.

El consumo responsable suele centrarse más en que el precio de lo que se venda permita vivir dignamente a los trabajadores que lo han producido. En su caso, el sostenible suele enfocarse en la contaminación que provoca un producto, desde la extracción de los materiales que se usan para fabricarlo hasta que ese producto se degrada en el medio ambiente. Nosotros nos centramos en la parte medioambiental.

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VIDA ÚTIL vs HUELLA ECOLÓGICA          

También hay que conocer el concepto de vida útil y de huella ecológica para poder ser más sostenibles. La vida útil de algo es el tiempo que puede utilizarse antes de tirarlo. Por ejemplo, una botella de agua de un supermercado tiene una vida útil muy corta porque se recomienda no reutilizarlas ya que expulsa sustancias tóxicas. Una botella de cristal, en cambio, tiene una vida útil muchísimo más larga y suele dejar de usarse porque, después de años, en algún momento puede caerse y romperse.

La huella ecológica es más general y global, es un índice que tiene en cuenta los recursos naturales que usamos del planeta. Nos dice cuántas hectáreas por persona podríamos utilizar para aportarnos todo aquello que usamos para vivir, y lo compara con las hectáreas por habitante que usa cada país. Si lo máximo fuesen 2,1 hectáreas por habitante y en España se usasen 5,7, estaríamos siendo enormemente insostenibles (información de 2005).

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¿QUÉ PODEMOS HACER NOSOTROS?  

Dejando un poco de lado lo teórico, ¿qué más podemos hacer nosotros? Es tan complicado y tan simple como coger un hábito. Empezar a hacer cosas, a pensar qué mejorar para ser más sostenibles y tener la mente abierta. Cuando empiezas a hacer cosas, a ir a actividades, a charlas o a ver algún documental, empiezas a descubrir ideas que no habías pensado pero que otros sí, y que pueden ser mucho más importantes que todo lo que estabas haciendo antes.

Hay algo de lo que se empieza a hablar en los últimos años que es el impacto ambiental de nuestra dieta. A veces pensamos que tenemos que usar menos el coche y más los transportes públicos o las bicicletas, ¡pero a nivel mundial la ganadería contamina más que todos los transportes por tierra, mar y aire unidos! Es sorprendente pero el sistema digestivo de las vacas produce metano y el impacto es mayor que el del CO2. Así que, además de usar transporte público podemos comer menos productos de origen animal y también estaremos ahorrando miles de litros de agua que se usan para producir esos alimentTos.

Otra cosa muy interesante es la arquitectura ecológica. Cuesta un poco saber qué es, pero lo que hacen es tener en cuenta qué materiales están usando en sus construcciones para usar los que sean menos contaminantes. Asimismo,  se apuesta por la existencia de zonas verdes y el uso de elementos que  puedan ser reutilizados. Así, en lugar de derribar un edificio, se emplean sus partes para ayudar a construir otro.

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A nivel global, hay gente que defiende el decrecimiento, que consiste en comprar y construir lo que sea necesario y útil, en lugar de comprar y construir lo que podemos pagar, dada la insostenibilidad de este último modelo para el planeta y, por lo tanto, para nosotros mismos.

Es evidente que nuestra aportación a un mundo más sostenible pasa forzosamente por un consumo más consciente y responsable. Ahora bien, si tu acción individual te parece insuficiente, también existen otras vías a través de las cuales puedes contribuir. Hay organizaciones ecologistas que defienden el medio ambiente a nivel internacional como Greenpeace, Surfrider Foundation o WWF en cuanto a biodiversidad, uso de fuentes de energía renovables y reducción de contaminación y de consumo innecesario. También las hay a nivel más local como Bioagradables, que promueve la defensa y concienciación medioambiental centrándose en la limpieza de playas. Cada uno podemos buscar la organización que más nos guste y empezar a participar en sus actividades para dar otro paso hacia un mundo más sostenible.

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En este mundo de la sostenibilidad, las opciones son infinitas. Algunas las podemos aplicar nosotros mismos a nuestra vida y otras dependen de otras personas o colectivos. Es algo en lo que hay que ir aprendiendo y mejorando, no hay que rendirse. Acabo con una frase que leí hace años cuando empecé a involucrarme más en estos temas: “Es una pena que por pensar que puedes hacer poco, no hagas nada”.

 

bioagradables@gmail.com
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