Bamb’Amaza: aprender a moverse con el océano

Hay historias de surf que hablan de olas gigantes, de viajes imposibles o de maniobras que parecen desafiar las leyes de la gravedad. Y después están aquellas que utilizan el surf como punto de partida para hablar de algo mucho más profundo y esto es Bamb’Amaza

Bamb’Amaza, el cortometraje de Patagonia Films, pertenece a esta segunda categoría. A través de la historia de Othandwayo, una niña de 12 años de Imizamo Yethu, en Ciudad del Cabo, la película se adentra en una relación con el océano que va mucho más allá de aprender a ponerse de pie sobre una tabla. El agua se convierte en un espacio de aprendizaje, de descubrimiento y de transformación, pero también en un lugar donde comprender que hay cosas que nunca podremos controlar.

En Hout Bay, al sur de Ciudad del Cabo, el océano forma parte del paisaje cotidiano. Sin embargo, vivir cerca del mar no significa necesariamente tener acceso a él, ni sentirse parte de ese mundo que para muchos surfistas parece tan natural. Las diferencias sociales y económicas pueden crear una distancia enorme entre una comunidad y el océano que tiene delante. Bamb’Amaza parte precisamente de esa realidad para mostrar cómo el surf puede convertirse en una herramienta capaz de reducir esa distancia y abrir nuevas posibilidades para jóvenes que encuentran en el agua un espacio diferente al que conocen en su vida diaria.

La protagonista de la película es Othandwayo, una joven que comienza a descubrir el surf y, con él, una nueva manera de relacionarse con su entorno. Lo interesante no es únicamente observar cómo aprende a surfear, sino comprobar cómo las enseñanzas del agua empiezan a trasladarse a su propia vida. El océano obliga a aceptar la incertidumbre: las condiciones cambian, las olas nunca llegan exactamente como esperamos y, por mucho que estudiemos el mar, siempre habrá algo que escapará a nuestro control. Aprender a surfear significa, en buena medida, aprender a adaptarse.

Esa idea recorre toda la película. El surf no aparece como una competición contra el océano, sino como una conversación con él. No se trata de imponerse a las olas, sino de entenderlas; de saber cuándo remar, cuándo esperar y cuándo aceptar que una oportunidad se ha perdido. Para alguien que está empezando, cada caída forma parte del aprendizaje. Hay que levantarse, volver a colocarse en la posición correcta y esperar la siguiente ola. Lo que desde fuera puede parecer simplemente una sucesión de intentos sobre una tabla se convierte así en una forma de aprender a afrontar las dificultades.

Sentinel Ocean Alliance

En ese proceso, la comunidad adquiere un papel fundamental. El surf suele representarse como una actividad individual en la que una persona se enfrenta a una ola, pero la realidad de muchas comunidades surferas es muy diferente. Detrás de cada sesión existe una red de personas, conocimientos y experiencias compartidas. En el caso de Othandwayo, esa dimensión colectiva es especialmente importante. Los programas desarrollados por Sentinel Ocean Alliance en Hout Bay utilizan el surf y la educación oceánica para acercar a niños y jóvenes de las comunidades locales al mar, proporcionando no solo acceso al deporte, sino también conocimientos sobre el entorno y un espacio en el que relacionarse con otras personas.

Ahí es donde una tabla de surf adquiere un significado diferente. Puede ser una herramienta deportiva, pero también puede convertirse en una puerta de entrada a un mundo que antes parecía lejano. Entrar al agua acompañado por otras personas, aprender a leer las condiciones, conocer las mareas y entender el ecosistema marino genera una relación distinta con el lugar en el que se vive. El océano deja de ser simplemente un paisaje que se contempla desde la costa para convertirse en un espacio que se conoce, se respeta y se siente como propio.

Esta conexión con el entorno es especialmente relevante en una película producida por Patagonia, una marca que desde hace años utiliza sus proyectos audiovisuales para poner el foco en las personas que mantienen una relación directa con la naturaleza y en las cuestiones ambientales y sociales relacionadas con ella. En Bamb’Amaza, sin embargo, el mensaje no necesita grandes discursos. La historia de Othandwayo permite que la relación entre persona, comunidad y océano se explique por sí misma, a través de algo tan sencillo y universal como aprender a surfear.

Quizá una de las mayores virtudes del cortometraje sea precisamente esa ausencia de épica convencional. Aquí no encontramos una historia construida alrededor de la ola perfecta ni de una hazaña extraordinaria. No hay récords que batir ni grandes maniobras que justifiquen el relato. La importancia está en otro lugar: en cada pequeño avance, en cada intento y en la posibilidad de descubrir que una actividad aparentemente sencilla puede modificar la manera en la que una persona observa su entorno y se observa a sí misma.

El título de la película, Bamb’Amaza

Resume de alguna manera ese proceso. La historia habla de crecer, de desarrollarse y de encontrar un lugar propio mientras se aprende a convivir con un entorno que nunca permanece exactamente igual. El océano funciona como una metáfora evidente, pero no forzada. Frente a él no existe una sensación real de control absoluto. Solo queda aprender a interpretar sus señales y responder a ellas de la mejor manera posible.

Todos los surfistas conocen esa sensación, aunque cada uno la haya experimentado de una manera diferente. Podemos consultar el parte, observar el viento, estudiar la marea, escoger una tabla determinada y esperar que las condiciones sean las adecuadas, pero cuando llega una serie siempre existe un margen de incertidumbre. La ola puede abrir o cerrarse, podemos llegar tarde o perder el take off, una corriente puede cambiar y obligarnos a modificar nuestra posición. El océano nos recuerda constantemente que nuestra preparación tiene un límite y que, llegado cierto momento, debemos confiar en nuestra capacidad para adaptarnos.

Para alguien que está creciendo, esas lecciones pueden tener un valor todavía mayor. Aprender a caer sin abandonar, aceptar que no todas las olas pueden cogerse y comprender que el siguiente intento puede ser mejor que el anterior son experiencias que trascienden el deporte. El surf ofrece un escenario en el que el fracaso no tiene por qué ser definitivo. Una ola perdida desaparece en cuestión de segundos, pero detrás llega otra. Lo importante es estar preparado para volver a remar.

Por eso Bamb’Amaza no es únicamente una película sobre una niña que aprende a surfear. Es una película sobre las oportunidades que aparecen cuando una persona encuentra un espacio en el que puede aprender, equivocarse y volver a intentarlo. También es una historia sobre el valor de acercar el océano a comunidades que históricamente han estado separadas de él y sobre la capacidad del surf para generar vínculos que van mucho más allá del deporte.

El significado de Bamb’Amaza

En un momento en el que el surf se ha convertido en una industria global y las imágenes de olas perfectas circulan constantemente por las pantallas, Bamb’Amaza propone detenerse y recordar una de las razones más sencillas por las que seguimos entrando al agua. Antes de las competiciones, de los viajes, de las tablas de alta gama y de las grandes sesiones, existe algo mucho más básico: la sensación de estar en el mar y aprender a formar parte de él.

La historia de Othandwayo habla precisamente de eso. De descubrir que el océano no necesita ser conquistado para enseñarnos algo. De entender que no siempre podemos elegir las condiciones, pero sí podemos decidir cómo responder ante ellas. Y de aceptar que crecer, igual que surfear, consiste muchas veces en encontrar el equilibrio entre luchar por lo que queremos y saber cuándo debemos dejarnos llevar.

Al final, quizá esa sea la principal lección que deja Bamb’Amaza. El océano no promete que la siguiente ola será mejor, ni que conseguiremos levantarnos cada vez que lo intentemos. Lo único que garantiza es que seguirá moviéndose, cambiando y planteándonos nuevas preguntas. Nosotros solo tenemos que aprender a leerlo, entrar en el agua y volver a remar cuando la ola que esperábamos se haya escapado.

“No puedes controlar los océanos, pero puedes aprender a moverte con ellos”. El agua enseña lecciones de perseverancia, fuerza y comunidad que van más allá de las olas.

Producido por Eyeforce y dirigido por Arthur Neumeier

Surfer Rule
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Más que surf, olas gigantes y tendencias Surfer Rule, revista de referencia del surf y el snowboard en nuestro país desde 1990, promueve los valores, la cultura y las inquietudes de todos los que amamos los boardsports.

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