13 Abr ABUELAS SURFISTAS: CUANDO LAS OLAS NO ENTIENDEN DE EDAD
Contra el tiempo y las mareas: las abuelas surfistas que desafían al Atlántico… y al Índico
Por Redacción | Especial Surf & Cultura
Cada viernes por la mañana, pase lo que pase con el viento o la lluvia, un grupo de mujeres se adentra en el océano en la costa de Albany. No hay prisas, ni presión, ni cámaras esperando maniobras imposibles. Solo tablas, neoprenos y una determinación que rompe cualquier cliché: la mayoría son abuelas.
El documental Las abuelas surfistas pone el foco en este colectivo singular que, desde su fundación en 1999, ha crecido hasta reunir a casi 90 miembros. Un fenómeno que no solo habla de surf, sino de comunidad, longevidad activa y libertad.

Un ritual semanal frente al océano
Lo que comenzó como una pequeña iniciativa local se ha convertido en una tradición inquebrantable. Cada viernes, sin importar las condiciones, el grupo se reúne para surfear.
No se trata de rendimiento ni de progresión técnica. Se trata de estar ahí.
En el agua, las edades pierden relevancia. Algunas llevan años surfeando; otras empezaron ya en la madurez. Pero todas comparten una misma motivación: seguir moviéndose, seguir aprendiendo, seguir sintiéndose vivas.
Desde Australia al “fin del mundo”
Aunque el núcleo del grupo se encuentra en Albany, el documental establece un interesante diálogo visual y simbólico con cualquier extremo geográfico donde el océano marca el ritmo de la vida.
Los lugares comparten algo esencial: la sensación de límite. De frontera. De estar en contacto directo con la fuerza bruta del mar.
Y es precisamente ahí donde estas mujeres encuentran su espacio, como el grupo de abuelos en Brasil.




Surfear contra el estereotipo
Durante décadas, la cultura surf ha estado asociada a la juventud, la estética y el rendimiento. Este grupo dinamita esa imagen desde la raíz.
Aquí no hay cuerpos normativos ni presión competitiva. Hay arrugas, risas, caídas torpes y olas celebradas como si fueran la primera.
El documental no romantiza la edad, pero sí la resignifica. Muestra que el surf no tiene fecha de caducidad y que el aprendizaje no termina nunca.
El océano como espacio de libertad
Para muchas de estas mujeres, el surf es algo más que una actividad física. Es una herramienta emocional.
A lo largo de sus vidas, han ocupado roles definidos: madres, cuidadoras, trabajadoras. El agua, sin embargo, les ofrece un espacio sin etiquetas.
En el mar no importa la edad, ni el pasado, ni las expectativas sociales. Solo importa el equilibrio, la respiración, el momento presente.
Surfear se convierte así en una forma de meditación en movimiento. Una práctica que conecta cuerpo y mente mientras desafía suavemente los límites personales.


Una comunidad que no deja de crecer
Uno de los aspectos más llamativos del grupo es su crecimiento constante. Desde su creación en 1999, no ha dejado de sumar integrantes hasta alcanzar cerca de 90 surfistas activas.
Lejos de ser un club exclusivo, funciona como una comunidad abierta y acogedora. Las nuevas incorporaciones no necesitan experiencia previa, solo ganas de entrar al agua. Solo hay tres requisitos para incorporarse al grupo:
- Ser mayor de 50
- Realizar el curso introductorio de concienciación marina y bodyboard
- ¡Divertirse!
Este enfoque inclusivo es, probablemente, la clave de su éxito.
Redefiniendo la cultura surf
El auge de historias como esta refleja un cambio más amplio dentro del surf contemporáneo. Cada vez hay más espacio para narrativas alejadas del alto rendimiento y más centradas en la experiencia personal.
Las abuelas surfistas se sitúa en esa línea: una mirada honesta, íntima y profundamente humana sobre lo que significa surfear.
No hay épica exagerada, pero sí una épica cotidiana. La de levantarse, ponerse el neopreno y enfrentarse al mar, semana tras semana.
Nunca es tarde para empezar
Si hay una idea que atraviesa todo el documental es clara: nunca es tarde.
Nunca es tarde para aprender algo nuevo. Nunca es tarde para desafiar los propios miedos. Nunca es tarde para encontrar un espacio de libertad.
Estas mujeres no están redefiniendo el surf con grandes discursos. Lo están haciendo simplemente entrando al agua.
Y quizá ahí esté la lección más potente de todas.


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