28 Mar EL ARTE PERDIDO DE GURANDAR UN SECRETO EN EL SURF MODERNO
Hay olas que no deberían existir en internet. No porque no sean perfectas, sino porque lo son demasiado. Este film captura una de ellas… y plantea una pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando dejamos de guardar secretos?
El arte perdido de guardar un secreto: surf, misterio y diseño en la era de la sobreexposición
En un momento en el que cada ola parece tener geolocalización, dron y hashtag antes incluso de romper, “The Lost Art of Keeping A Secret” emerge como una pieza casi contracultural dentro del surf contemporáneo. El film, presentado por Onboard y Christenson Surfboards, no es solo un edit de alto nivel en Indonesia: es una reflexión estética y filosófica sobre lo que el surf ha perdido en la era digital… y lo que todavía puede recuperar.
Un viaje a lo desconocido (o a lo que queda de ello)
Rodado en Indonesia, concretamente en la isla de Simeulue, el vídeo sigue a un equipo que mezcla experiencia, estilo y sensibilidad: Aritz Aranburu, Beau Cram, Tom Carroll y Oscar Langburne, entre otros.



Pero más allá del típico surf trip, lo que define la narrativa es el descubrimiento de una ola “secreta”, bautizada irónicamente como The Clap: un point break perfecto que recuerda a una mezcla entre Desert Point y G-Land.
Y ahí está la paradoja central: ¿cómo documentar algo sin destruir su esencia?
La estética del silencio
Visualmente, el film apuesta por una narrativa limpia, con un uso magistral del dron y planos largos que dejan respirar a la ola. No hay saturación, no hay prisa. El montaje,firmado por Ryan “Ryz” Williams, rehúye el frenetismo típico de los edits actuales para construir algo más cercano a una película de culto que a un clip promocional.
La música y el ritmo refuerzan esa sensación de aislamiento: el espectador no está viendo surf, está invitado a un secreto.
En este sentido, la pieza conecta con una tradición más clásica del surf film: aquella en la que el viaje, el descubrimiento y el aura eran tan importantes como la maniobra.
Surfboards como lenguaje: la firma Christenson
El otro gran protagonista, aunque silencioso, es el quiver. Tablas como la Lane Splitter, Acid Phish o la serie OP aparecen constantemente, no como producto, sino como extensión del estilo de cada surfer.
Aquí es donde entra la filosofía de Chris Christenson: una mezcla de herencia clásica y rendimiento moderno. Formado bajo leyendas como Dick Brewer y Skip Frye, Christenson ha construido su reputación sobre una idea simple pero poderosa: cada tabla debe ser una herramienta específica para una forma de surfear.
Eso se traduce en el vídeo en líneas fluidas, rail work elegante y una obsesión por el tubo más que por la maniobra aérea. Como señala el propio contexto del film, estas tablas no están pensadas para el surf “gimnástico”, sino para una lectura más pura de la ola.

Contra el algoritmo: surf como experiencia, no contenido
Uno de los subtextos más interesantes del film es su crítica implícita al surf contemporáneo. Hoy, el descubrimiento de una ola suele ser efímero: se comparte, se viraliza y, en cuestión de semanas, se masifica.
The Lost Art of Keeping A Secret plantea otra vía: recuperar el valor de lo oculto, del conocimiento compartido en círculos reducidos, del respeto por el spot.
No es casualidad que el título haga referencia a un “arte perdido”. En el surf actual, guardar un secreto puede parecer casi un acto de rebeldía.
Entre película y propaganda (y por qué eso no importa)
Como apunta cierta lectura crítica del sector, estos films también funcionan como piezas de seducción comercial: presentan un estilo de vida, un ideal de surf y, por extensión, un tipo de tabla.
Pero reducirlos a eso sería simplista.
Porque cuando el mensaje, la estética y el surfing están alineados, la “publicidad” se convierte en cultura. Y este film logra precisamente eso: vender sin parecer que vende, inspirar sin imponer.

El valor de lo que no se dice
En última instancia, The Lost Art of Keeping A Secret no trata solo de una ola escondida en Indonesia. Trata de una sensación: la de remar hacia algo desconocido, sin garantías, sin cámaras… y sin necesidad de compartirlo.
En una época de exposición constante, quizá el verdadero lujo en el surf, y en la vida, sea precisamente ese: tener algo que no necesita ser mostrado.


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