27 Jul DIARIOS DE MARRUECOS
Cuando el mejor plan es cambiar de rumbo
Hay viajes que se preparan durante meses y otros que empiezan en el mismo instante en que decides abandonar el plan original. En el surf, pocas veces gana el que más organiza. Gana quien sabe escuchar al mar.
Eso fue exactamente lo que ocurrió con Ian Gottron y su grupo de amigos. Portugal era el destino previsto. Las tablas estaban listas, el material preparado y la ilusión intacta. Pero el Atlántico decidió escribir otra historia. El mal tiempo y un mar demasiado desordenado obligaron a replantearlo todo en el último momento. Sin demasiadas dudas, cargaron el coche, pusieron rumbo al sur y cruzaron el estrecho en busca de un escenario completamente diferente.
Porque hay lugares donde el surf parece formar parte del paisaje desde siempre. Donde las montañas caen directamente sobre el océano y los acantilados rojizos escoltan kilómetros de costa salvaje. Donde el desierto parece querer tocar el mar y las derechas perfectas rompen con una cadencia casi hipnótica.
No había reservas cerradas ni un calendario estricto. Tampoco una lista de spots imprescindibles. El único plan consistía en perseguir el parte meteorológico cada mañana y dejar que las condiciones marcaran el camino.
Y, probablemente, no existe una forma mejor de conocer Marruecos.
Vivir pendiente del parte
Hay viajes en los que el reloj manda. En un surf trip sucede exactamente lo contrario. Son el viento, la marea y el swell quienes organizan el día.
Cada amanecer comenzaba igual: café, mapas, previsiones y kilómetros por delante. A veces la mejor ola estaba a pocos minutos. Otras, había que conducir durante horas bordeando una costa infinita donde cada curva escondía una nueva posibilidad.
Esa incertidumbre es parte del encanto. No saber si el siguiente point break estará funcionando o si aparecerá completamente vacío convierte cada sesión en una pequeña aventura.
Porque en Marruecos todavía existen esos momentos difíciles de encontrar en otros destinos: entrar al agua y compartir una ola únicamente con tus amigos.

Ian Gottron surfeando una larga derecha en la costa atlántica de Marruecos durante un surf trip improvisado.
Derechas interminables
La costa atlántica marroquí lleva décadas formando parte del imaginario colectivo del surf europeo.
Los nombres de algunos spots son ya historia, pero la verdadera magia aparece cuando uno se aleja de los lugares más conocidos y comienza a explorar.
Allí surgen esas largas derechas que parecen no terminar nunca. Paredes limpias que permiten enlazar maniobras durante cientos de metros mientras el desierto permanece inmóvil como telón de fondo.
No se trata únicamente de la calidad de las olas.
Es el contraste.
El color ocre de la tierra frente al azul profundo del Atlántico.
Los pueblos pesqueros.
Las carreteras solitarias.
El olor a tajín mezclándose con la brisa marina al terminar cada sesión.
Todo forma parte de la misma experiencia.
La belleza de improvisar
Quizá la mayor enseñanza de este viaje sea precisamente esa: aceptar que el mejor destino no siempre es el que aparece en los billetes de avión.
En el surf, cambiar de planes no significa renunciar. Significa adaptarse.
Portugal ofrecía incertidumbre.
Marruecos regaló oportunidades.
Ian Gottron y sus amigos encontraron mucho más que buenas olas. Encontraron esa sensación difícil de explicar que aparece cuando el viaje deja de consistir en llegar a un sitio y empieza a convertirse en una búsqueda constante.
Cada día era diferente.
Cada pronóstico modificaba la ruta.
Cada sesión justificaba los kilómetros recorridos.
Más allá del surf
Viajar por Marruecos obliga a reducir el ritmo.
Las conversaciones se alargan alrededor de un té a la menta. Los mercados rebosan vida. Los pueblos conservan un ritmo pausado que contrasta con la ansiedad con la que muchas veces vivimos los viajes.
Mientras el océano marca las horas, el resto parece perder importancia.
Y quizá ahí reside buena parte del atractivo del país para tantos surfistas. No solo ofrece olas de clase mundial. También invita a desconectar del ruido y recuperar algo que cada vez resulta más escaso: el tiempo.
El verdadero espíritu del surf
El cortometraje, filmado y editado por Nixon Broders para Katin, evita caer en la espectacularidad fácil. No necesita grandes artificios. La cámara acompaña el viaje con naturalidad, mostrando que el surf sigue siendo, por encima de todo, una excusa perfecta para descubrir lugares, compartir kilómetros con amigos y dejarse sorprender por lo inesperado.
Porque las mejores aventuras rara vez salen como estaban previstas.
Empiezan cuando decides cambiar de dirección.
Y pocas decisiones parecen tan acertadas como seguir el swell hasta las costas de Marruecos, donde el desierto se encuentra con el Atlántico y las derechas interminables recuerdan que, a veces, perder el rumbo es exactamente la manera de encontrar el viaje que realmente estabas buscando.
Filmado y editado por Nixon Broders
Surfer Ian Gottron @gato_son


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