07 Sep FELIPE POMAR, VOZ DE LA SABIDURÍA Y SURFISTA DE OLAS GRANDES DE LOS 60

En Indonesia tuvimos la suerte de conocer a una auténtica leyenda del surf.

Humildad, honestidad y delicadeza ha sido lo que nos han transmitido sus palabras. Escucharle es oír la voz de la sabiduría. Unas palabras que vale la pena leer de principio a fin. Una historia digna de ser conocida. Un niño «gordito» que por puro instinto natural, comenzó a surfear olas grandes y un día fue campeón del mundo. Un niño que vivió una infancia junto a aquellos hippies adultos del primer club de surf en Perú. Un niño que tenía una pasión por encima de cualquier prejuicio: el surf. Un niño que hoy tiene 76 años y que sabe que seguirá corriendo olas por lo menos, hasta los 100.

Él es Felipe Pomar, alguien a quien la palabra «grande» se le queda corta. Conoce su increíble historia y cómo hace para surfear con auténtico estilo las olas y la vida.

Foto: Remezcla
Surfer Rule: Tus inicios fueron en 1958, ¿quién era entonces Felipe Pomar? ¿Qué le empujó a tomar su primera ola?

Felipe Pomar: Yo de chiquillo era un chiquito gordo a quien no le gustaba el deporte. A mi madre le decía que me escribiese notas para no tener que asistir a la clase de educación física.

Fue ella quien me inscribió en una escuela de natación a los 11 años. Allí, comencé a nadar y crecí mucho. A los 15, ya era un muchacho relativamente alto y delgado, que estaba aburrido de nadar. Y es que si eras un nadador en aquella época, con piscinas de tan solo 25 metros, te pasabas la vida nadando ida y vuelta en poco espacio. 

Un día, a un  amigo de mi hermana mayor le di pena. Recuerdo que dijo “pobre chico, no tiene nada que hacer”. Fue él quien me llevó a un club de tablas en Perú. El único por aquel entonces. Se llamaba Waikiki. Me dijo “coge una tabla”. Y allá fui. Recuerdo lo difícil que me fue entrar, con las olas golpeándome y yo sin saber absolutamente nada. Pero, muy rápido, me di cuenta de que este deporte era maravilloso, comparado con estar dando vueltas sin sentido en una piscina. Me enamoré del surf. 

El club Waikiki era un club muy especial. Hombres solteros, dueños en general de algún negocio, que traían chicas bonitas y siempre reían. La persona que lo fundó era muy especial también. Nunca usaba corbata, practicaba yoga y era surfer. Cuando comenzaba a hacer frío, se iba a dar la vuelta al mundo, a por olas, y regresaba a Perú en el verano. Tengo entendido que lo hizo 39 veces. 

Muchos de los otros miembros del club se dieron cuenta de lo bonita que era su vida y querían seguir su modelo. Todos ellos, me trataban como un auténtico amigo, a pesar de que yo tan solo tenía 15 años y ellos eran mucho más mayores que yo. Así comencé a surfear y así era el club Waikiki en aquella época.

S.R: Fuiste campeón del mundo en uno de los primeros campeonatos internacionales.¿Qué recuerdas de aquel campeonato?

F.P: En Perú, a partir del año 55, se comenzaron a hacer campeonatos internacionales, a los que normalmente venía el mejor tablista de Hawaii. Y en los 60, comenzaron a venir tablistas de Australia, California, Florida…

En el 62, Perú organizó un campeonato muy grande que se llamó, según dijeron, campeonato mundial. Australia tomó esa idea y en el 64 concedió que una compañía petrolera fuese el sponsor. Organizaron un campeonato al que le pusieron el nombre de campeonato mundial. Durante ese campeonato, varios competidores de distintos países se reunieron y dijeron que esos campeonatos, que se estaban llamando mundiales, no eran oficiales. Decidieron que para que lo fuesen, crearían una organización que se llamó la International Surfing Federation. 

El director era un peruano, una persona de éxito, llamado Eduardo Arena. Fue elegido presidente de la ISF. Esa organización hizo el primer campeonato «oficial» en 1965 en Perú, que fue el que yo tuve la suerte de ganar.

Fue suerte desde el punto de vista de que yo en el 63 me mudé a Hawaii y me invitaron porque gané el campeonato de olas grandes del 62. Representé a Perú y tuve la suerte de que las olas eran muy grandes, uno de los días más grandes que se recordaba. Para mi y para todos los hawaiianos fue una gran ventaja, porque mucha de aquella gente tenía menos experiencia en aquellas olas.

S.R: ¿Qué opinión te merece que hoy el surf sea olímpico?

F.P: Por un lado tengo ideas muy positivas, porque es cierto que va a hacer crecer este deporte. Muchos niños que quizás nunca lo hubiesen esuchado, van a, por fin, saber que existe. Un deporte que nos gusta, que es sano.

Por otro lado, ¡no me gustaría que los lugares se llenen de gente! Pero, para entonces, seguramente tengamos que explorar y encontrar otros lugares.

S.R:  En tu caso, pronto tomaste el rumbo del big wave. ¿qué te empujó a ello? ¿Con qué medios contabais entonces?

F.P: Cuando llegué al club Waikiki, solo había una persona más de mi edad. Esa persona se hizo mi mejor amigo. Durante años, corrimos olas juntos. 

Su cuñado era el campeón peruano de olas grandes en esa época y nos llevaba a correr olas grandes a Kontiki, al sur de Perú. Allí surfeaba con mi amigo Joaquín y con el cuñado, Pancho.

Prácticamente pasé de comenzar a correr olas a coger las olas grandes de Kontiki, pero como había sido nadador estaba cómodo en el mar.

Si no hubiese sido nadador, no hubiese podido haber hecho las cosas que hice. Kontiki es una ola que rompe mar adentro y requiere fondo. El nadar me dio la confianza para pensar: «si ellos pueden, yo también puedo».

Con Joaquín surfee mucho. Éramos dos amigos que compartimos las olas cada día durante 5 años. Yo tuve la suerte de ganar el primer campeonato mundial oficial y Joaquín (aka Xigui) tuvo la mala suerte de ser la primera persona que murió corriendo Pipeline, en Hawaii. Murió con 21 años, en 1966, cuando no existían motos de agua, ni inventos. 

S.R: En aquella época, te mudaste al North Shore en Hawaii. ¿Cómo era entonces la escena allá? ¿Cómo ha cambiado desde entonces?

F.P: Llegué a Hawaii en el verano de 1963 y fui por las olas. Conseguí un hotel cerca de Waikiki y recuerdo, cada mañana, ver olas de 3 pies. En el Perú, cuando las olas están por debajo de los 6 pies, siempre decimos: no hay olas. 

Así que en Hawaii no había olas. Me pase dos o tres semanas yendo al mar sin olas. Después tuve que aceptar correr olas de 3 pies o no surfear.

Cuando empezó el invierno, comencé a estudiar en una universidad a 10 minutos de Sunset Beach. Un día se me acercó una persona que nunca había visto. Me preguntó si era tablista, le dije sí y él me dijo: «Yo también. Me llamo Bobby. Cuando las olas comiencen te busco y vamos juntos a correr olas».

Ese día llegó y nos fuimos a correr olas a Sunset. Vimos a un hawaiano en un tractor cortando el pasto y recuerdo que le dijo: «¡Aloha subieron las olas!» El hombre escondió el tractor y salió corriendo con su tabla. La puso en el techo de nuestro coche y nos fuimos todos juntos.

Llegamos a Sunset y vimos un mar gigante, desordenado, con mal viento y tormentoso. 

Bobby nos dijo: «vamos, entremos a hacer ejercicio». Y yo le dije: «¿entremos a dónde?» Y el dijo: «aquí en Sunset». Mi respuesta fue inmediata: «estás loco, vas a morir». 

Yo no iba a entrar. Ellos se metieron y yo estaba convencido de que no iban a salir nunca. Sentado en la playa, mirándolos, yo solo pensaba en que tan solo tenía 19 años y quería tener una vida buena y bonita, que si me metía ahí, moriría. Ellos salieron vivos del agua. Fue en aquel momento cuando me dije a mi mismo que iba a dejar de fumar, a ponerme en forma, y sobrevivir corriendo esas olas.

Foto cortesía de: Felipe Pomar

Por lo general, en Hawaii, éramos los únicos de la universidad que corríamos olas grandes. Muchas veces los únicos en el agua en Sunset, donde hoy en día hay cientos de personas.

Me siento afortunado de haber corrido olas en el Perú sin gente y descubrirlas. En Hawaii, corrimos olas solos y en Indonesia también. Con mis dos o tres amigos.

S.R: En Hawaii, conociste a Duke Kahanamoku. ¿Cómo era? ¿De qué manera te influyó?

F.P: Tuve la suerte de conocerlo. No puedo decir que era un gran amigo suyo, pero me reconocía y como no se acordaba de mi nombre, me llamaba Perú.

En Hawaii, se habla mucho del espíritu de Aloha. Duke tenía y representaba ese espíritu, un espíritu de compartir. Una cosa que el decía siempre y que no se hace era: “regala olas, siempre hay más”. Ese era y sigue siendo el espíritu de Aloha.

Parece mentira pero, cuando regalas una ola (que yo no lo hago mucho, pero lo hago a veces), te sientes muy bien.  Pero eso sí, ¡es mas fácil regalarla cuando ves que hay otra detrás!

Foto cortesía de: Felipe Pomar
S.R:  ¿Cómo es tu relación con el mar y con las olas hoy en día?

F.P: Mi relación hoy ha cambiado porque hace 60 años que corro olas. El mar ha significado distintas cosas para mi. En este momento, me da salud, aventura, energía y grandes satisfacciones. Todas ellas son muy importantes en mi vida. Pero, yo sé que ya he corrido mis olas más grandes. De muchas maneras para mi, el mar es una costumbre muy sana que me da mucha felicidad.

Foto cortesía de: Felipe Pomar
S.R: Es evidente que te conservas excepcionalmente bien. ¿Cuál crees que son las claves de tu condición física?

F.P: Con 55, el médico que me operó por segunda vez de un hombro me dijo que no debía seguir corriendo olas. Yo dije que no, me puse a estudiar y a encontrar la manera de poder seguir haciendo lo que me apasiona. Hoy, sigo haciendo lo que hacía con 18 años, pero de otro modo. La sociedad nos dice que con 60 o 70 años ya somos viejos y no podemos hacer las cosas que antes hacíamos.

Desgraciadamente, si tu crees que no puedes hacer algo, no lo vas a poder hacer. Y, felizmente, si crees que puedes, lo harás.

S.R: ¿A qué aspectos prestas más atención y, además del surf, qué otras cosas haces para cuidarte?

F.P: Hago lo posible por acostarme y levantarme temprano, hacer unos estiramientos, un par de movimientos de yoga y meterme al mar. No como nada entre mi última comida del día (a las 8 de la noche) hasta después de salir del mar al siguiente día, a las 10 de la mañana.

El ejercicio, la comida, el descanso y algunas vitaminas o suplementos son claves. Pero, hay una cosa que alarga la vida por encima de todo, LA GRATITUD, las buenas relaciones, el contribuir al bien de otros… Son cosas que alargan los años de buena salud, durante los que puedes vivir y hacer las cosas que te gustan.

Hasta hace poco, se creía que las personas eran un reflejo de los padres y que los genes que heredabas determinaban tu salud. Pero, hay una nueva ciencia que ha descubierto que el estilo de vida de cada persona puede encender o apagar el funcionamiento de los genes que tenemos. Está comprobado que el hecho de que tus padres tengan ciertas cosas no quiere decir que las vayas a tener tú. Pero, si tienes su estilo de vida, probablemente tengas los mismos problemas. Si lo cambias, no.

Los médicos son especialistas en enfermedades. A los médicos no les enseñan cómo mejorar o aumentar tu salud, les enseñan cómo tratar enfermedades. Son aquellos que tuvieron una vida muy larga y muy sana, los que te pueden enseñar a tener esa misma vida. Los médicos te ayudan si tienes un accidente o una enfermedad. Pero, mucho mejor que acudir al médico es mejorar tu salud para, con suerte, no acabar nunca en sus manos.

Todos tenemos la oportunidad de aumentar y mejorar nuestra salud. Imagina que cada uno de nosotros tiene un banco de salud y las decisiones que tomamos todos los días, o depositan salud en tu banco o la sacan. Si tienes la suerte de tener una vida larga, vas a necesitar toda la salud que hayas podido depositar en tu banco. 

La suerte de practicar un deporte como el surf, es que hacemos un ejercicio que nos encanta sin darnos cuenta. El principal problema de la mayoría de la gente es el estrés y la falta de ejercicio. Y sobre una tabla, se reduce el estrés y haces mucho ejercicio. Yo estoy convencido de que podemos correr olas hasta los 100. He conocido a 6 personas corriendo olas a los 89, 93 o 96. Si hace 40 años era posible, hoy en día no hay ninguna razón por la que no podamos ir mas allá y llegar a los 100 surfeando.


Sin nada más que añadir, GRACIAS Felipe por compartir tus palabras y tu sabiduría.


¡Y GRACIAS, Alma Viciana, por haber sido nuestra interlocutora en esta gran historia!

S.R


info@surferrule.com

Más que surf, olas gigantes y tendencias Surfer Rule, revista de referencia del surf y el snowboard en nuestro país desde 1990, promueve los valores, la cultura y las inquietudes de todos los que amamos los boardsports.

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