24 Nov LAS TRIBUS DEL SURF (VOL I)

Las tribus urbanas han sido estudiadas durante años, y han ido cambiando y evolucionando constantemente y sorprendiéndonos con las nuevas tendencias.

En el surf, como no podía ser menos, también encontramos tribus. ¿Las reconoces? ¿A cuál perteneces?

Esta es la antropología de surf menos seria que te vas a encontrar

Esta mañana compré esta antropología que rezaba así:

“Fui a surfear esta mañana y mientras estaba en una ola fui (accidentalmente) atropellado por un tipo con el pelo largo y bigote que llevaba un long john (un neopreno que era muy popular en los 70), subido en lo que parecía una single fin retro de 7 pies. Todo nuevo equipo. Por su habilidad para surfear, probablemente habrá empezado hace menos de 6 meses. Luego, cuando salí del agua, le vi parado a mi lado y le escuché comentar con alguien cómo estaban las olas. El caso es que estaba dando mal todas las explicaciones. ¡Este tipo era el surfista que más puta vergüenza me ha dado en mucho tiempo! Bienvenido a surfear en 2017 “.

Ahora me hizo pensar; ¿Qué es el surf en 2017? Parece que solo somos una colección de tribus, todas peleando por pertenecer a esta cosa llamada surf. Entonces pensé que, en interés de la antropología del surf, intentaría hacer un proceso de clasificación:

El hipster

La definición de hipster es tan vaga como la de un domingo por la mañana, después de una noche de gintonics. Uno de los principales problemas con la identificación es que ningún hipster jamás levantará la mano y admitirá que es uno de ellos.

“Hipster, odio ese término, no define quién o qué soy”, me dijo una vez el surfista australiano Harrison Roach, quien, sin embargo, no camina por la calle sin susinglefin 7’6 ‘ y su shortboard ’60s.

Usan ropa que parece sacada de la caridad pero cuesta una millonada. Además cultivan una apariencia que les lleva una eternidad conseguir. Blogs personales, cámaras Leica, paleo, camisas de cuadros y barbas completan la lista de comprobación de los hipster. Probablemente estas normas se extinguirán en 2019 (si es que realmente existen).

El Anti-Hipster

Es posible que la tribu anti-hipster no sepa lo que quiere, pero seguro que saben lo que no les gusta. Y eso es hipster, sea lo que sea.  La antipatía de estas tribus hacia cualquier tabla que no sea una estándar, puede rayar en lo psicótico. La sola visión de un longboard retro-moderno puede provocarles espumarajos por la boca y una rabia furiosa. Sólo hay algo que les enfurece aún más: el bodysurfing.  

Tampoco son capaces de entender la razón de que algún surfer se salga de llevar cualquier otra marca que no sean las míticas del surf, como Quiksilver, Billabong o Rip Curl de prendas catalogadas, claro, en 2004.

Limpios, bien afeitados… y con unos conocimientos a prueba de balas sobre surf profesional, el Anti Hipster preferiría ver a Mick Fanning haciendo aéreos en Bells Beach que a un rasta surfeando en Alaia.

El anti-hipster se siente confundido y amenazado por el hipster. Jamás reconocería que lo ha pasado bien con una retro fish. Es, como si te masturbas con tu hermano: un secreto que te llevas a la tumba.

El competitivo

La tribu de los competidores no cree que el surf sea sólo un hobbie, un pasatiempo para disfrutar. Lo vive marcado por las reglas y dividido en heats o rondas de competición de 30 minutos.

Prefieren puntuar cada ola que surfean y determinar el nivel de disfrute según las victorias o pérdidas.

Los competitivos generalmente se juntan los fines de semana y se organizan en rangos de edad, capacidad, tamaño de la tabla… Y se clasifican entre sí por sus fortalezas y debilidades. Una experiencia bastante triste para los demás surfistas que ven cómo esta tribu pierde olas que no considera buenas.

Aun así, tienen su recompensa: un trofeo de bronce y un cabreo monumental no son algo que puedas conseguir fácilmente si vas a surfear sólo a tu rollo.

El local

El local viajó al extranjero una vez, cuando tenía 19 años. Es un viaje que cuenta en el bowl y después de las doce de la noche un viernes para presentar sus credenciales y para demostrar que las olas de su playa son mejores que las de cualquier otro lugar del mundo.

Mientras admiras la devoción del local por su spot (conocen cada rincón, cada cambio de diez centímetros de la marea…) lo que es difícil de admirar es su incapacidad para compartir su amada ola.  De hecho se toman a los visitantes que surfean en su ola como una grave afrenta personal. ¡No entienden por qué nadie tiene que estar surfeando en su ola!

A menudo esta confusión les lleva a expresarse con rudeza: desde el saludo de silencio glacial en el pico, hasta a intimidación violenta.  Fuera del agua parecen bastante adaptados, sí, manteniendo trabajos o relaciones acatando las normas sociales… pero en el agua sacan toda su furia.

Pronto seguiremos con el volumen II, porque sí, aún quedan tribus surfistas…

Texto original: Tracksmag Aus.

info@surferrule.com

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